Se consolida la industria Chilena del Vino
A pesar de la crisis financiera y económica internacional, un tipo de cambio desfavorable, encarecimiento de insumos y aumento de costos, el año 2008 no ha sido, en general, un mal año para la industria vitivinícola chilena.
De hecho, 2008 cerrará con un nuevo récord de exportaciones, aproximándose a los US$1,500 millones, con aumento del orden de 10% en valor en comparación al año anterior.
Es verdad que muchas viñas pasaron por momentos complicados durante 2008, y algunas incluso desaparecieron o tienen nuevos dueños. Pero en general, el año que culmina ha sido un buen año para el sector, sobre todo considerando la crisis internacional.
Las cifras de 2008 impresionan más cuando consideramos el desarrollo y crecimiento de la industria del vino en Chile en la última década. La calidad de los vinos se limitaba a un número pequeño de viñas, mientras que hoy en día encontramos mucha más variedad de vinos de calidad en diversas viñas de diversos tamaños y ubicadas en varios valles del país, lo cual nos permite contar con una rica y variada gama de vinos con diversas características.
La industria del vino chilena se ha modernizado en los últimos diez años, ha aumentado expresivamente su producción y exportaciones, ha crecido en tamaño y también en calidad. En fin, la última década ha sido excelente para la industria vitivinícola, con sus altos y bajos, y se vislumbra un buen futuro, si bien que nada espectacular con curvas de crecimiento exageradas, se puede esperar un crecimiento moderado pero sostenido.
Pero lo positivo de estas cifras no ha tenido una similar repercusión en el ámbito nacional. El desarrollo y consolidación de la industria del vino en el exterior no ha repercutido con la misma fuerza en el país, entre los chilenos, en los eventos, actividades, concursos y fiestas que el sector organiza en Chile.
De una parte la industria del vino crece en números y calidad con sus envíos al exterior, pero a nivel local la cultura del vino y el consumo no crece ni se difunde en la misma proporción, lo cual a futuro podría ser perjudicial para la imagen del vino chileno.
A pesar del crecimiento de la industria, los eventos vinculados al vino no aumentan ni en número ni en calidad. Todavía se realizan casi los mismos eventos todos los años y con el mismo formato, lo cual denota un enfoque burocrático del sector, como si la realización de ciertos eventos fuera para cumplir y no para realmente celebrar y promover las nuevas cosechas y la cultura del vino en general.
En algunas muestras durante el año, a las cuales se accede mediante el pago de entrada de más de 20 dólares, los stand de las viñas “regulan” el ofrecimiento de vinos para degustar, guardando algunos ejemplares para ciertos horarios y degustadores “especiales”. Molesta una actitud mezquina y poco alegre, por no decir tristona.
Los concursos que se realizan en el país tienen una difusión escasa, lo cual va contra el objetivo mismo de esos eventos, que es premiar y divulgar los mejores vinos del país. Los concursos se realizan sin pena ni gloria a nivel país. Los concursos se realizan entre muy pocas personas y generalmente las mismas se repiten todos los años y en los varios concursos. Y la divulgación de los mismos también se restringe a un grupo reducido de personas.
Estos concursos deberían aprovechar su calidad y seriedad, y divulgar de mejor forma su realización y premiación, dejando esa especie de hermetismo donde sólo algunos saben que tal o cual concurso se realiza. Sobre todo los premios, trofeos y/o medallas que los concursos otorgan deberían ser ampliamente divulgados, con el objetivo de que los vinos premiados sean del conocimiento de un mayor número de consumidores locales y extranjeros y así los prueben y los compren.
Finalmente, consideramos que para coronar el espectacular crecimiento de la industria del vino nacional se deberían realizar eventos, festivales y/o fiestas que tengan al vino como protagonista, donde los consumidores puedan realmente aprender más de la cultura del vino, puedan degustar diversas variedades de vinos de los diversos valles del país. En fin, falta un empuje en ese sentido, falta celebrar con más alegría y de manera más masiva los logros de la industria del vino.
Ojalá que la llegada de Rafael Guilisasti a la presidencia de la CPC haga con que la industria del vino asuma un papel más protagónico y pro activo en el país. Ojalá que los dirigentes del sector tengan mayor empuje para organizar eventos con nuevos formatos, que provoquen interés de las personas en conocer más de vinos, que apoyen de manera más potente iniciativas de divulgación y apoyo a la industrial del vino, como son, por ejemplo, los medios especializados.
Ojalá que la curva de crecimiento de la industria del vino siga hacía arriba en los próximos años, y este desarrollo también se manifieste en el país, con la realización de eventos alegres, generosos y de calidad, que reflejen las virtudes y bondades de los vinos chilenos.
En tiempos de crisis a veces es mejor invertir en el ámbito local, para así, en un futuro cercano, cosechar los frutos de ese trabajo. Chile y los chilenos todavía están en deuda en ser, realmente, un país del vino. Y en esto los agentes y dirigentes del sector todavía tienen mucho que decir y sobre todo que hacer para cambiar esta realidad de ser unos de los países productores vitivinícolas con más bajo consumo de vinos y con menor conocimiento y vivencia de la cultura del vino.
Fuente:www.todovinos.cl